En su tercera edición pretende seguir contribuyendo a transmitir a la opinión pública en general y a los jóvenes en particular que el consumo de alcohol y la conducción son incompatibles.
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.