Según un informe publicado este martes por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Instituto Nacional del Cáncer, al mundo el tabaquismo le cuesta un billón de dólares (950.000 millones de euros) al año en costes sanitarios y de pérdida de productividad. Apenas un 0,34% de los impuestos que se recaudan se emplean en políticas de control.
En España se detectan cada año unos 12.000 nuevos casos de cáncer de cabeza y cuello pero el mayor consumo de tabaco entre las mujeres y la asociación con el virus del papiloma humano (VPH) está provocando un aumento significativo de casos en población más joven.
Una investigación del Instituto Nacional del Cáncer de EEUU muestra que aquellas personas que fuman un promedio de menos de un cigarrillo al día durante su vida tienen un 64 por ciento de riesgo de morir más que aquellas personas no fumadoras. Los detalles de este estudio se publicaron la semana pasada en la revista "JAMA Internal Medicine".
Las investigadoras Ana Navarro y Eva Martínez-Pinilla han señalado las dificultades que existen en un país como España para estudiar las propiedades medicinales del cánnabis en humanos, algo que han lamentado al considerar que existe un potencial importante para tratar no sólo el cáncer, sino también enfermedades neurodegenerativas. ""Es difícil en España realizar estudios clínicos por los problemas legales, no te aprueban los estudios", han indicado.
Diversos científicos han medido el catastrófico daño genético causado por el tabaquismo en diferentes órganos del cuerpo e identificado varios mecanismos distintos por los cuales el tabaco causa mutaciones en el ADN.
Según los investigadores del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM) de Barcelona, el humo a que están expuestos los fumadores pasivos contiene más carcinógenos que el humo que se genera en la primera combustión del cigarrillo.
"Si me pillan haciendo esto pueden quitarme a la niña", dice una madre cuya hija tiene síndrome de Angelma. La mayoría de los menores tiene autismo, epilepsia o cancer. "Nos dijeron que no había tratamiento. Y es verdad que no lo hay. Pero hay cosas que ayudan a que esté mejor"
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.