Según una reciente encuesta, se está produciendo un descenso continuado en el número de consumidores habituales de alcohol, que se sitúa en 49,7%, cuando en 2005 era un 60,8% y, en el 2003, de 67,3%.
Cuando se observan los datos con un poco más de perspectiva, el mensaje es menos tranquilizador. Los riesgos no desaparecen. Simplemente cambian de forma.
Un estudio publicado en Science Advances analiza cómo la cocaína modifica circuitos neuronales específicos del cerebro y contribuye a los comportamientos de búsqueda de la droga.