La iniciativa, impulsada por organizaciones europeas, reclama actualizar los símbolos digitales que asocian el brindis y el consumo de alcohol con la idea de bienestar y salud.
Destaca como dificultades la escasez de ciertas sustancias, medicalización de los servicios, modelos de atención con altas barreras y dificultades para reclutar proveedores de atención médica.
La controversia se centra en si esta limitación disminuirá aún más el acceso al tratamiento y si se abordarán adecuadamente las disparidades raciales y estructurales en el acceso al tratamiento de la adicción a opioides.
El poder de los usuarios de drogas y trabajadoras sexuales para influir en la dirección institucional de la reducción de daños ha sido socavado por un sector oportunista del sistema de salud pública