La guerra contra las drogas lleva décadas sirviendo de coartada para intervenciones que poco tienen que ver con la salud pública o la seguridad internacional.
Existe un acuerdo que el género es un eje que impacta en la vida de las persones, y como no, impacta en la salud, en como enfermamos, en cómo nos recuperamos y en las posibilidades que se tienen de acceder y permanecer en recursos especializados de adicciones
Hay bastante unanimidad por parte de los profesionales de la salud a favor de la prohibición de todas las formas de publicidad y promoción de estos dispositivos para evitar crear nuevos adictos a la nicotina y efectos en la salud evitables en población joven y en no fumadores
Que 13 de cada 100 personas de entre 55 y 64 años hayan consumido este tipo de fármacos durante el mes anterior, y que lo haga a partir de los 64 años una de cada tres mujeres y el 13,5 % de los hombres, merecería una reflexión a fondo sobre la medicalización de la vida cotidiana y la atención sanitaria de gatillo fácil a la hora de la prescripción de estos fármacos. Procesos que no solo afectan a las personas mayores, pero que con ellas adquieren mayor relevancia.
España vive actualmente una situación crítica con la incesante proliferación de casas de apuestas, con mínima protección de los adolescentes, de las personas con problemas de juego y población en general, que está afectando a capas de población desfavorecida o en situación de vulnerabilidad.
La pandemia de COVID-19 ha impactado en las sociedades occidentales y en el imaginario colectivo de una forma brusca y, en muchas ocasiones, desgarradora