Abordaje preventivo de las NPS: el reto de reducir riesgos sobre lo desconocido.

El desconocimiento de la sustancia específica limita la aplicación de estrategias de reducción de riesgos básicas.

Las Nuevas Sustancias Psicoactivas (NSP) son un grupo muy diverso de sustancias. A partir de pequeñas modificaciones químicas sobre sustancias ya existentes, se trata de compuestos de los que a menudo se desconocen los riesgos y que se encuentran en una situación legal no fiscalizada. Estas sustancias aparecen habitualmente en el mercado como sustitutos de drogas ilegales y se caracterizan por su rápida evolución, ya que los productores crean nuevos compuestos cada año para eludir la fiscalización de aquellas que se van haciendo más conocidas. A menudo son de muy fácil acceso debido a su estatus legal y, en muchos casos, se comercializan a través de internet.

Para entender mejor este mercado, cabe destacar que se define por el gran número de variantes que surgen de forma constante; por ejemplo, solo en el año 2024 se notificaron por primera vez 47 nuevas sustancias en Europa (1). Las NSP incluyen diversos grupos químicos, como los cannabinoides sintéticos y semisintéticos (a menudo vendidos en forma de gominolas o vapeadores), las catinonas sintéticas (que actúan como estimulantes, como por ejemplo la mefedrona) y los nuevos opioides sintéticos. Dentro de este último grupo, los nitazenos constituyen una clase de nuevos opioides sintéticos (NOS) de especial riesgo debido a su potencia extrema y, además, en ocasiones se detectan como sustancias de corte en otras drogas, como el éxtasis en formato pastilla.

Los principales problemas de salud pública que plantea la aparición de las NSP son, por un lado, el desconocimiento de los efectos de muchos de estos compuestos y, por otro, el elevado riesgo de intoxicación aguda grave que presentan algunas de ellas. Además, uno de los riesgos más importantes es el consumo no intencionado, ya que estas sustancias se encuentran frecuentemente mezcladas con otras drogas o se comercializan como medicamentos falsificados, como oxicodona o benzodiacepinas, lo que incrementa de forma considerable el riesgo de sobredosis accidental (2). Muchas de estas sustancias son estructuralmente diferentes de las drogas tradicionales, lo que implica que no se detecten mediante los métodos de cribado estándar y requieran técnicas de laboratorio mucho más avanzadas. Este hecho dificulta tanto el abordaje clínico de las intoxicaciones como el abordaje preventivo en el contexto del análisis de sustancias.

En resumen, las NSP representan un reto crítico para la salud pública debido a su rápida aparición, su elevada toxicidad y el hecho de que, en muchos casos, las personas consumidoras no saben exactamente qué sustancia están ingiriendo. Uno de los principales desafíos en relación con este nuevo paradigma de evolución constante del mercado de las drogas y, especialmente, con la aparición continuada de nuevas sustancias, es el abordaje preventivo y el trabajo basado en la reducción de riesgos en el ámbito de las NSP.

En el ámbito de la prevención, una de las principales dificultades es el desconocimiento específico de las sustancias o de su presencia en la mayoría de los casos. No todas las NSP son drogas de síntesis reciente; algunas son sustancias que ya existían, pero que actualmente están experimentando un aumento de su uso recreativo, como es el caso de las benzodiacepinas. En estos casos, el nivel de conocimiento es mayor y las pautas de reducción de riesgos pueden ser más precisas y concretas. El problema se intensifica y se convierte en un reto cuando hablamos de NSP de nueva síntesis poco conocidas, desconocidas para las personas que las consumen o, de forma aún más compleja, cuando el consumo se produce de manera accidental debido a la presencia de estas sustancias en otras drogas.

El desconocimiento de la sustancia específica limita la aplicación de estrategias de reducción de riesgos básicas, comunes al consumo de drogas en general, como la dosificación escalonada, el consumo en compañía de otras personas o la autoevaluación del estado de ánimo en el momento del consumo. Sin embargo, en el caso de sustancias conocidas, las pautas se convierten en herramientas más específicas y útiles para intensificar los placeres asociados al consumo y minimizar los riesgos. No conocer las sustancias implica no poder caracterizar los efectos deseados e indeseados y, por tanto, no tener control ni una percepción de seguridad que permita identificar si lo que está ocurriendo es lo esperado o no. Aunque los efectos son en parte subjetivos, siempre existen patrones de efectos deseados y adversos que ayudan a identificar posibles situaciones de riesgo.

Otra cuestión fundamental derivada del desconocimiento de las NSP es la imposibilidad de determinar las interacciones con otras drogas o tratamientos farmacológicos. El consumo de drogas se produce a menudo en combinación con más de una sustancia, especialmente con alcohol. El alcohol es un depresor del sistema nervioso central y puede interactuar de forma peligrosa con otros depresores, como las benzodiacepinas. Si se desconoce la sustancia utilizada o el consumo se produce de forma accidental, no es posible valorar el riesgo de interacción con otras drogas presentes. Una pauta útil de reducción de riesgos sería el monoconsumo, aunque de forma realista este patrón no suele darse. En el caso de las pastillas de MDMA, en las que se están detectando cortes con nitazenos y catinonas, se concentran muchos de estos problemas, ya que su consumo suele ir acompañado de alcohol.

Cabe señalar que, a raíz del aumento en la detección de nuevas sustancias, se ha generado cierta alarma social que, en muchas ocasiones, actúa de forma contrapreventiva, especialmente teniendo en cuenta el antecedente del fentanilo. En este caso, se produjo una gran desinformación y una alarma descontextualizada, con un elevado impacto negativo sobre la población consumidora, especialmente entre las personas jóvenes, un grupo al que esta realidad no afectó en ningún momento. Partiendo de esta falsedad informativa y de un ruido mediático que no se tradujo en una realidad concreta, las alarmas sociales no funcionan ni disuaden los consumos en contextos de ocio y recreativos. Por ello, resulta fundamental detectar estas alarmas, desmontar mitos y garantizar que la información que llega a la población sea realista y ofrezca una percepción ajustada del riesgo, facilitando así el acceso a las estrategias de reducción de riesgos disponibles, aunque sean limitadas, frente a fenómenos como el de las NSP.

En la actualidad, una de las herramientas que está mostrando mayor efectividad para la reducción de riesgos en relación con las NSP, especialmente cuando su presencia en otras drogas es desconocida, es el análisis de sustancias. Esta estrategia resulta clave para detectar la presencia de sustancias no deseadas en drogas que se pretenden consumir. Una de sus principales limitaciones es que resulta poco accesible para la población joven o para personas con consumos muy específicos o esporádicos en contextos festivos. La población usuaria de estos servicios suele estar más experimentada en el consumo y pertenece a franjas de edad más elevadas. Una herramienta derivada de los servicios de análisis, como ocurre con Energy Control en España, son los sistemas de alerta. A partir del testeo de sustancias, se publican avisos sobre la presencia de compuestos no deseados en pastillas y se indica el lugar donde se han detectado. Estos sistemas de alerta tienen un gran potencial entre la población joven, ya que son fácilmente accesibles a través de redes sociales y permiten identificar las sustancias por su presentación (forma, nombre, color, etc.).

Una cuestión polémica, pero que merece un espacio de reflexión, es el potencial que tendrían los servicios de análisis de sustancias si fueran accesibles para las personas que venden drogas en el mercado ilegal. Por motivos evidentes, estas personas no desean ser identificadas ni exponerse ante los servicios de prevención, aunque estos no tengan intención de fiscalizar su actividad. Sin embargo, la penalización de las drogas sigue siendo un obstáculo importante para implementar estrategias de reducción de riesgos que podrían resultar mucho más efectivas. En este contexto, si un distribuidor sometiera su producto a análisis, el impacto preventivo sería muy superior al que se consigue cuando lo hacen únicamente las personas consumidoras.

Caracterizar el riesgo también resulta fundamental. Estos consumos suelen estar más presentes en población masculinizada, especialmente entre la población joven. Las drogas más desconocidas o percibidas como “fuertes” se consumen con mayor frecuencia en el sector masculino, en relación con los mandatos de la masculinidad vinculados a la transgresión de normas sociales. Algunas NSP se han popularizado en el contexto del chemsex, especialmente las catinonas, y es importante tener en cuenta el estigma asociado a estos contextos, ya que puede actuar de forma peligrosa mediante la omisión de información. Finalmente, resulta imprescindible poner el foco en el sector profesional de la prevención y en su diversidad. Es necesario ampliar el conocimiento sobre las NSP y su abordaje en los distintos ámbitos de la prevención y la reducción de riesgos, tanto en el ámbito sanitario —para la atención de episodios agudos o sobredosis sin estigmatización— como en el ámbito preventivo y educativo, con el fin de detectar síntomas críticos y fomentar una opinión crítica e informada sobre este fenómeno.

La apuesta, por tanto, en relación con la prevención en población joven, debería centrarse en acercar los sistemas de alerta y los servicios de análisis de sustancias, desmontando los mitos existentes —como la supuesta peligrosidad legal de enviar sustancias a analizar— y reforzando la reducción de riesgos básica, así como la difusión de las principales señales de alerta asociadas a las NSP más relevantes.

  1. Agencia de la Unión Europea sobre Drogas (EUDA). (2025). Nuevas sustancias psicoactivas: situación actual en Europa (Informe Europeo sobre Drogas 2025). https://www.euda.europa.eu/publications/european-drug-report/2025/new-psychoactive-substances_es
  2. Giraudon, I., Abel-Ollo, K., Vanaga-Arāja, D., Heudtlass, P., & Griffiths, P. (2024). Nitazenes represent a growing threat to public health in Europe. Lancet Public Health, 9(4), e207–e208. https://doi.org/10.1016/S2468-2667(24)00024-0

 

 

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