Las políticas sobre drogas en Europa siguen teniendo una deuda pendiente con la perspectiva de género

Las diferencias entre mujeres y hombres en el consumo y el acceso al tratamiento siguen siendo relevantes y requieren respuestas adaptadas.

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El consumo de drogas en Europa continúa siendo más frecuente entre los hombres, pero las diferencias entre mujeres y hombres no se limitan a la cantidad de consumo. También afectan a las consecuencias, al acceso al tratamiento y a las condiciones sociales en las que se produce el consumo. Así lo recoge el documento “Gender and drugs in Europe: frequently asked questions (FAQ)” (Género y drogas en Europa: preguntas frecuentes) de la Agencia de la Unión Europea sobre Drogas (EUDA), que plantea la necesidad de incorporar de forma sistemática una perspectiva de género en las políticas y en los servicios relacionados con las drogas.

El propio documento parte de un reconocimiento claro, y es que durante años el fenómeno del consumo se ha tratado como si fuera neutral en términos de género, pese a que existen diferencias importantes entre mujeres y hombres en los patrones de uso, en los riesgos y en las consecuencias. Este enfoque ha podido dejar fuera necesidades específicas y limitar el desarrollo de respuestas adaptadas a realidades distintas.

Además, cuando el género se ha tenido en cuenta en el ámbito de las drogas, la atención se ha centrado sobre todo en cuestiones concretas relacionadas con las mujeres, como el consumo durante el embarazo, mientras que ha faltado un análisis más amplio de las diferencias de género en el consumo y en las intervenciones. El documento reconoce que esta situación ha generado una brecha en el conocimiento y en la planificación de políticas y servicios.

La agencia europea también señala que la falta de investigación y de sistemas de monitorización específicos sobre las diferencias de género en el consumo de drogas y sus consecuencias dificulta evaluar las necesidades con precisión y desarrollar intervenciones adecuadas. A esto se suma otra limitación importante: la mayoría de los datos disponibles siguen basándose en el sexo al nacer, mientras que la información sobre identidad de género y consumo de drogas sigue siendo escasa.

Los datos actuales confirman que los hombres siguen siendo mayoría entre las personas que consumen sustancias, especialmente de uso ilegal. En la Unión Europea, alrededor de 53 millones de hombres y 36 millones de mujeres de entre 15 y 64 años han probado alguna sustancia de uso ilegal al menos una vez en la vida. También en el consumo de tabaco y alcohol se mantienen diferencias: en 2019 fumaban a diario el 27% de los hombres y el 18% de las mujeres, mientras que el consumo diario de alcohol afectaba al 10% de los hombres frente al 3% de las mujeres. Los episodios de consumo intensivo en el último mes también fueron más frecuentes entre ellos.

Sin embargo, el documento insiste en que las diferencias no se limitan a quién consume más. También se observan variaciones en los factores de riesgo y en las trayectorias de consumo. Tanto chicos como chicas suelen iniciar el consumo durante la adolescencia, aunque las chicas tienden a empezar más tarde. Entre los factores que aumentan el riesgo de desarrollar problemas relacionados con las drogas figuran los problemas de salud mental, la vulnerabilidad social y las experiencias adversas en la infancia. Estas experiencias, especialmente el abuso sexual, son más frecuentes entre las chicas y se consideran un factor relevante en la aparición de conductas de riesgo.

La brecha de género tampoco es uniforme. Varía según el país, el tipo de sustancia y la intensidad del consumo. En general, la proporción de mujeres que consumen sustancias de uso ilegal suele ser menor en los países del sur de Europa que en los del norte. Además, la diferencia entre hombres y mujeres se amplía cuando se analizan las formas de consumo más intensivas o problemáticas, donde la presencia masculina es mayor. No obstante, entre las generaciones más jóvenes esa distancia parece reducirse con el tiempo.

Entre los adolescentes se observan cambios relevantes. Los datos del estudio europeo ESPAD de 2024 indican que la diferencia entre chicos y chicas en el consumo de alcohol y tabaco se ha ido reduciendo con el tiempo y que, en algunos patrones de uso, las chicas han llegado a igualar o superar a los chicos. También se han detectado diferencias en otros comportamientos: el uso de inhalantes y de medicamentos sin supervisión médica es más frecuente entre las chicas en varios países. Además, los indicadores de bienestar emocional muestran niveles más bajos entre las adolescentes que entre los adolescentes.

En el ámbito sanitario, la desigualdad se refleja en el acceso al tratamiento. En 2023, más de 210.000 hombres y alrededor de 52.000 mujeres iniciaron tratamiento por problemas relacionados con las drogas en los países de la Unión Europea, Noruega y Turquía, lo que supone aproximadamente tres de cada cuatro casos entre hombres. El documento señala que esta diferencia no se explica únicamente por un mayor consumo masculino, sino también por los obstáculos que encuentran muchas mujeres para acceder a los servicios.

Entre esas barreras figuran la falta de recursos económicos, los costes del transporte, las responsabilidades de cuidado —especialmente de hijos— y la ausencia de servicios de apoyo como guarderías. El miedo a perder la custodia de los hijos si se conoce el consumo también puede influir en la decisión de no buscar ayuda. A esto se suman otras situaciones que pueden dificultar el acceso al tratamiento, como tener una pareja que consume, sufrir violencia o encontrarse en situación administrativa irregular en el caso de algunas mujeres migrantes.

El documento también destaca el papel del estigma social. Aunque los trastornos por consumo de drogas afectan tanto a hombres como a mujeres, las mujeres suelen experimentar un mayor rechazo social, ya que el consumo puede percibirse como incompatible con los roles sociales asignados, especialmente el de madre o cuidadora. Este estigma puede traducirse en sentimientos de culpa o vergüenza y retrasar la búsqueda de ayuda.

En relación a las muertes inducidas por drogas, estas siguen afectando en mayor proporción a los hombres. En 2023 se registraron en Europa cerca de 7.500 fallecimientos por esta causa, la mayoría entre hombres. Sin embargo, en los países que disponen de información detallada, la proporción de muertes por sobredosis con posible intención suicida es mayor entre las mujeres.

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