Daniele, Alejandra y Cristina tienen 21, 16 y 19 años y tienen algo en común: no beben alcohol. Forman parte de una generación de jóvenes que ha decidido no vincular su ocio a beber cerveza o copas. Los tres comparten argumentos en defensa de un vida 0,0: no creen que sea necesario beber para pasarlo bien, tienen claro que no es bueno para la salud y piensan que existe una normalización preocupante del consumo de alcohol en nuestro país. También los tres han sufrido las consecuencias de optar por una vida lejos de la caña y el cubata: sentirse a veces el bicho raro del grupo o directamente que les den de lado en su entorno de ocio y amigos.
La última Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (Estudes) de 2025 del Ministerio de Sanidad apunta a una reducción, leve pero sostenida, en el consumo de alcohol en los adolescentes de entre 14 y 18 años, con descensos en todos los tramos temporales analizados, logrando bajar dos puntos porcentuales en el tramo de beber alguna vez en la vida y 2,6 puntos en los últimos 12 meses.



