Las drogas están entre nosotros, forman parte de nuestro mundo. Todos sabemos de la existencia milenaria del tabaco, del café, del alcohol, de la cocaína, de los derivados del cannabis.
La Convención de la ONU para el Control del Tabaco ya ha entrado en vigor, y su finalidad primordial es acabar con ciertas lagunas jurídicas de las que la industria se ha estado beneficiando.
Uno de cada cinco europeos adultos ha probado la marihuana al menos una vez en su vida, según un reciente estudio del Observatorio Europeo de las Drogas y Toxicomanías (OEDT), y su consumo crece entre los más jóvenes.
La cantidad de cocaína consumida en todo el país asciende a unas 64 toneladas anuales, según estimó la Asociación Antidrogas de la República Argentina, en tanto que en la provincia de Buenos Aires asciende a seis mil kilos.
El convenio fue firmado en mayo de 2003 por 167 países, entre ellos EE.UU. China y Rusia que no lo han ratificado, aunque la OMS confía en que lo hagan.
Incluye medidas de control y restricción de la publicidad, venta a menores, información de las compañías y ofrece ayuda a los países pobres que cultivan tabaco para que busquen otras alternativas económicamente viables.
Uno de sus pilares es la defensa de la salud de los menores, a los que se prohibirá comprar y vender cigarrillos bajo multas de hasta un millón de euros