Desde 2007 existe documentación sobre el daño que provoca en la vejiga. En Chile, los casos se multiplicaron junto con el consumo. En las guardias médicas, nadie pregunta todavía si la persona que llega con sangre en la orina usa ketamina.
La FDA acepta desde 2025 la reducción del consumo como criterio de éxito en ensayos clínicos, pero los registros de los centros aún solo distinguen entre abstinencia y fracaso
Las personas jóvenes que han crecido en contextos de desventaja estructural suelen encontrarse inmersas en circuitos institucionales marcados por vacíos asistenciales y carencia en el acompañamiento
El impacto emocional de la abstinencia también deja huellas invisibles. No solo es el cuerpo reclamando una sustancia; es la mente tratando de acomodarse a la pérdida
La falta de formación sobre violencia, consumo y trauma perpetúa un reduccionismo que desvía la mirada hacia las sustancias, culpabiliza a las mujeres y oculta la raíz estructural de la violencia: la desigualdad patriarcal.
Por tanto, nos encontramos con un modelo sanitario cerrado que deja fuera el autocultivo con fines terapéuticos o la dispensación en farmacias comunitarias
En el mercado de drogas de Costa Rica, las mujeres suelen participar desde los márgenes, ocupando los eslabones más bajos y asumiendo riesgos que ponen su cuerpo en el centro de la transacción. Instrumentalizados por su capacidad de portar drogas y ser “penetrados” por el “producto de valor”, sus cuerpos sostienen transacciones y permiten la supervivencia en condiciones adversas, sin posibilidad de negociación.
En el mercado de drogas de Costa Rica, las mujeres suelen participar desde los márgenes, ocupando los eslabones más bajos y asumiendo riesgos que ponen su cuerpo en el centro de la transacción. Instrumentalizados por su capacidad de portar drogas y ser “penetrados” por el “producto de valor”, sus cuerpos sostienen transacciones y permiten la supervivencia en condiciones adversas, sin posibilidad de negociación.