La próxima estrategia nacional sobre adicciones en España afrontará algunos de los principales retos pendientes en las políticas públicas sobre drogas y otras conductas adictivas en España: las desigualdades territoriales, la falta de financiación estable, el estigma, la aparición de nuevas sustancias psicoactivas y fenómenos como el chemsex.
Así lo ha señalado Xisca Sureda, delegada del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, en una intervención difundida por el Ministerio de Sanidad. El mensaje sitúa la futura estrategia en un momento clave, tras el cierre del periodo de vigencia de la Estrategia Nacional sobre Adicciones 2017-2024, que ha servido como marco de referencia para las políticas estatales, autonómicas y locales en esta materia.
Uno de los puntos centrales será la desigualdad territorial. En España, buena parte de la atención a las adicciones depende de las comunidades autónomas y de la coordinación con entidades locales y organizaciones sociales. Esa estructura permite adaptar las respuestas a cada territorio, pero también puede generar diferencias en el acceso a recursos, servicios de prevención, tratamiento, reducción de daños e incorporación social.
La financiación aparece como otro de los grandes asuntos pendientes. Las entidades especializadas llevan años señalando la necesidad de contar con recursos estables para sostener programas de prevención, atención y acompañamiento, especialmente aquellos dirigidos a personas en situación de mayor vulnerabilidad. Sin una financiación suficiente y continuada, la continuidad de los servicios y la calidad de la atención pueden verse comprometidas.
La nueva estrategia también tendrá que abordar el estigma que todavía afecta a las personas con trastornos por uso de sustancias. Este estigma puede retrasar la búsqueda de ayuda, dificultar la integración social y reforzar barreras en el acceso a tratamientos. El reto no es solo sanitario, sino también social y comunicativo; cambiar la forma en que se habla de las adicciones y evitar enfoques que culpabilicen a las personas afectadas.
Otro de los elementos señalados es la aparición de nuevas sustancias psicoactivas, un fenómeno que obliga a reforzar los sistemas de vigilancia, información y respuesta temprana. A ello se suma el chemsex, una práctica vinculada al uso de sustancias en contextos sexuales que plantea necesidades específicas de prevención, reducción de riesgos, atención sanitaria y acompañamiento psicosocial.
La Estrategia Nacional sobre Adicciones 2017-2024 ya situaba la reducción de daños, la coordinación institucional y la participación de actores clave como ejes relevantes de la política pública. La próxima estrategia deberá actualizar ese marco ante un escenario más complejo, donde conviven consumos tradicionales, nuevas sustancias, adicciones comportamentales y desigualdades sociales que condicionan tanto los riesgos como el acceso a la atención.



