Según informó el medio estadounidense CT Insider, especialistas se reunieron en el Capitolio estatal, en la ciudad de Hartford, con el gobernador para abordar la situación del consumo de sustancias y la dependencia.
Durante el encuentro, especialistas en salud pública expresaron su apoyo a un proyecto de ley en tramitación que permitiría, de forma experimental, el consumo de drogas en centros de reducción de daños ubicados en cuatro ciudades que serían determinadas por el Departamento de Salud Mental y Servicios de Adicciones del estado.
Actualmente, estos centros están gestionados por personal voluntario y organizaciones sin ánimo de lucro y ofrecen servicios destinados a reducir riesgos, como la distribución de jeringuillas estériles, tiras reactivas para detectar sustancias y la administración de medicamentos para revertir sobredosis por opioides.
Durante el debate, se señaló que aproximadamente 8.860 residentes en Connecticut desde 2019 han muerto por sobredosis a opioides, una cifra que se sitúa por encima de la media nacional, aunque las muertes han disminuido en los últimos años.
Esta discusión sobre los centros de reducción de daños se produce en un contexto de elevada mortalidad por sobredosis en el país. En Estados Unidos, más de 107.000 personas murieron por sobredosis en 2023, según datos de los Centers for Disease Control and Prevention (CDC), lo que mantiene a las sobredosis como una de las principales causas de muerte prevenible en el país.
Aunque el gobernador reconoció la utilidad de los centros de reducción de daños existentes —presentes en los cinco distritos congresionales del estado—, señaló que no se inclina, por el momento, a respaldar la autorización del consumo de drogas dentro de estas instalaciones.
Por su parte, el artículo señala que los especialistas consideran que reforzar estos servicios y avanzar en nuevas medidas de reducción de daños podría formar parte de una estrategia más amplia para prevenir muertes y mejorar la atención a las personas con problemas de consumo.



