El artículo Patología Dual: presente y futuro, de Marta Torres, Francina Fonseca y Joan I. Mestre-Pintó aborda la complejidad clínica y social de la Patología Dual.
Publicado en la Revista Española de Drogodependencias, el documento entiende la Patología Dual como la coexistencia, en una misma persona, de un trastorno por uso de sustancias y otro trastorno mental. Se trata de un fenómeno altamente prevalente, con estimaciones que oscilan entre el 30% y el 80% según la sustancia implicada, el contexto social y las características de la población estudiada. Tal y como constatan sus autoras, a pesar de su elevada frecuencia y de su importante impacto, continúa siendo infradiagnosticada e infratratada en muchos sistemas sanitarios.
Las personas con Patología Dual presentan una mayor gravedad clínica en comparación con quienes padecen únicamente un trastorno mental o un trastorno por uso de sustancias. Suelen mostrar síntomas psicopatológicos más intensos, mayor riesgo de conducta suicida, más hospitalizaciones y una elevada comorbilidad con enfermedades médicas. Desde el punto de vista social, se trata de una población vulnerabilizada, con mayores tasas de desempleo, empobrecimiento, situación de calle y un riesgo más alto de exclusión social.
Uno de los principales problemas señalados por las autoras es la fragmentación de la atención sanitaria. En la mayoría de los países existen dos redes asistenciales separadas: la red de salud mental y la red de atención a las adicciones. Esta división dificulta una atención coordinada y continua, favoreciendo el fenómeno conocido como “síndrome de la puerta equivocada”, en el que las personas con Patología Dual no reciben una atención integral adecuada. Como consecuencia, uno de los trastornos puede quedar invisibilizado o relegado, lo que empeora el pronóstico y aumenta el riesgo de recaídas.
El artículo también subraya la importancia de incorporar la perspectiva de género en el abordaje. Aunque los hombres continúan presentando mayores tasas absolutas de consumo, la brecha de género se ha reducido en los últimos años. Las mujeres tienden a desarrollar la dependencia de forma más rápida, fenómeno conocido como “telescoping”, y presentan una mayor prevalencia de trastornos afectivos y de ansiedad asociados. Además, suelen estar más expuestas a experiencias de violencia de género y trauma infantil, factores que agravan la evolución clínica y dificultan la adherencia al tratamiento.
Las mujeres con Patología Dual enfrentan, además, barreras específicas de acceso a los servicios terapéuticos. Entre ellas destacan el estigma social, el miedo a perder la custodia de los hijos, la falta de recursos adaptados y la ausencia de servicios que contemplen el cuidado infantil. Estas dificultades explican que solo una minoría de mujeres con trastorno por uso de sustancias reciba atención especializada, en comparación con los hombres.
Desde el punto de vista diagnóstico, el documento señala la complejidad de diferenciar entre síntomas psiquiátricos inducidos por el consumo de sustancias y trastornos mentales independientes. Los efectos del consumo y de la abstinencia pueden imitar cuadros psiquiátricos diversos, lo que obliga a realizar evaluaciones cuidadosas mediante entrevistas clínicas estandarizadas y herramientas de cribado adecuadas. Un diagnóstico preciso resulta esencial para establecer un tratamiento eficaz.
En cuanto al abordaje terapéutico, las autoras defienden la necesidad de un tratamiento integrado y simultáneo de ambos trastornos, rechazando los modelos secuenciales, que han demostrado peores resultados. La evidencia disponible respalda la eficacia de programas integrados y sensibles al género, especialmente en mujeres con antecedentes de trauma y violencia.
«La Patología Dual tiene una alta prevalencia y un profundo impacto sobre la salud clínica y social de las personas afectadas. Un abordaje eficaz requiere una detección precoz, un diagnóstico preciso y un tratamiento integrado. En este sentido, es prioritario que los responsables políticos y los profesionales del ámbito de la salud mental y las adicciones avancen hacia un modelo asistencial coordinado, no excluyente, con perspectiva de sexo/género, basado en la evidencia y centrado en las necesidades complejas de esta población», concluye el artículo.



