La producción de cáñamo industrial, el cannabis sin componentes psicoactivos utilizado para fibra, grano, biomasa, papel, cosmética y otra gran variedad de productos, se ha desplomado en España tras haber experimentado un espectacular aumento entre 2016 y 2021. Las operaciones policiales amparadas en una legislación ambigua han retraído a los cultivadores. El sector solo resiste en una comunidad, Extremadura, gracias al apoyo decidido de un gobierno que en los últimos dos años ha estado dirigido por el PP, partido que siempre ha sido reacio a cualquier regulación cannábica.
En 2021, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación difundió un comunicado en el que destacó que el cultivo de cáñamo industrial se había multiplicado por ocho en España en los últimos cinco años, de 61 a 510 hectáreas, de acuerdo con los datos registrados en el Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA) sobre superficie de «cáñamo para fibra» declarada en la solicitud única de la Política Agraria Común (PAC).



